Bullying escolar, nunca más…


Ultimamente en el qué hacer de mi trabajo, me he encontrado con muchos casos de niños que están siendo maltratados psicológicamente y físicamente tanto por sus compañeros del aula e incluso en algunos casos, por los mismos profesores.

No necesariamente, teniendo el niño, un diagnóstico específico como generalmente se ven estos abusos en niños con el Dėficit de atención con hiperactividad (TDAH), síndrome de Asperger, que son los casos que más veo. Pero ahora, no sólo lo observamos en estos diagnósticos, vemos que muchos niños están pasando por estas situaciones tan indignantes.

Siempre hay un líder en un salón de clase, en donde en su afán de ser el Centro de atención muchas veces hacen mucho daño irreparable contra niños indefensos, que ni siquiera pueden protestar por el temor de seguir siendo agredidos. Los padres muchas veces se enteran de estas situaciones cuando de alguna manera, la situación ya se volvió caótica.

Voy a contarles un caso específico de un jovencito con quien tuve la misión de ayudar y los hice porque no es posible que se sigan cometiendo estas barbaridades.

El niño tenía en ese entonces, 15 años, estaba en un colegio religioso de educación regular. Un chico bello por dentro y por fuera, pero con dificultades en poder interactuar y relacionarse con sus pares. Era muy callado y con preferencia a estar dentro de una biblioteca, en vez de estar en el recreo. Si estaba en el recreo, tendía a dar vueltas por el patio, sin amigos, solo. 

Desde muy pequeño, fue diferente al resto, sólo por ver las cosas de diferente manera y tanto los compañeros, como los propios profesores, empezaron a cuestionarlo, a insultarlo, a presionarlo. De niño, no entendía lo que pasaba porque pensaba que esa era la forma de hacer amigos. Y él nunca le comentaba nada a sus padres, sólo se limitaba a decir que le fue bien en el colegio.

Ya entrando a la secundaria, la situación se volvió insostenible, los compañeros le tiraban los papeles en la cabeza, lo pateaban, lo insultaban, hacía a la fuerza, lo que otros le mandaban como por ejemplo: tocar las partes íntimas de alguna compañera, luego burlas y risas, etc. Toda esta situación se repetía día tras día, lo que hizo que el niño se aislara mucho más.

En una oportunidad, le dieron tal paliza que recién un adulto se percató de lo sucedido y expulsaron al agresor, lo que hizo que empeorara la situación para él, porque todo el salón lo acusø de “soplón” . Se imaginan a un jóven que desde niño ha sufrido todas estas agresiones y que todos le hagan cargamontón?

El niño, ya no pudo más y “explotó”, tuvo tal crisis que terminó en el hospital internado en el área de psiquiatría, con muchos medicamentos y los padres desesperados sin saber qué hacer. Cuando salió del hospital, el niño era otro: con la mirada perdida, pensando que todas las personas que estaban en la calle, lo miraban o hablaban mal de él.

Fue un caso bastante preocupante y triste, que no debe volver a pasar. Como padres tenemos que estar muy alertas a lo que pasa con nuestros hijos. La comunicación debe ser primordial. Los profesores deben estar más atentos a la hora derecreo, ya que muchas veces he tenido la oportunidad de visitar colegios y casi nunca se encuentra un profesor en el patio.

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